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El impacto irreversible de la minería, una realidad global.

19 Nov

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A pesar de que ingenieros y economistas en el mundo se han esforzado por suplir las reglamentaciones ambientales que exige el ejercicio minero  bajo el lema “el que contamina paga” la minería junto con la exploración del petróleo, sigue siendo un problema fundamental, amenazando un 38% de extensiones de bosques en el mundo.

Desde principios del siglo XIX, la minería era el método más común a la hora de extraer minerales fundamentales para las industrias. Actualmente, una exploración en una mina relativamente pequeña puede llegar a sustraer un total de 100 toneladas al día, mientras que una mina grande puede producir  cientos de miles de  toneladas en una sola exploración. Aunque esta actividad es fundamental en la economía mundial, los impactos negativos de su ejercicio no solo se deben a la exploración , sino a la eliminación de los residuos de la mina, el transporte del mineral y el procesamiento del mismo que normalmente genera una contaminación excesiva.

Es muy importante entender que la minería es considerada como una actividad a corto plazo que genera unas consecuencias  devastadoras a largo plazo. Actualmente más de un 60% de los materiales extraídos en el mundo, lo hacen a través del método de minería de superficie que, dentro de sus efectos, se contemplan devastaciones como: deforestación, contaminación, destrucción de hábitats y alteración en el agua. Dentro de este tipo de minería también se contempla la minería a cielo abierto, que se centra en la búsqueda de metales duros, así como “las canteras (para materiales de construcción e industriales, como arena, granito, pizarra, mármol, grava, arcilla, etc.), y la minería por lixiviación (aplicación de productos químicos para filtrar y separar el metal del resto de los minerales)” según un artículo publicado por eco-portal.

Según cifras de este mismo artículo, actualmente los países industriales como Estados Unidos, Canadá, Australia, Japón y Europa occidental consumen la mayoría de la producción anual de metales en el mundo:  “aproximadamente 61% de todo el aluminio, 60% del plomo, 59% del cobre y 49% del acero. En un cálculo per cápita, los distintos niveles de consumo son especialmente marcados: el estadounidense promedio utiliza 22 kilogramos de aluminio al año, el ciudadano promedio de la India usa 2 kilogramos y el africano promedio apenas 0,7 kilogramos.”

Sin embargo, el empobrecimiento de comunidades y regiones no se da en los países que consumen los productos mineros, sino en los que los producen. Países como Sierra Leone, Gambia, Botswana, y otros, también de la región del sur de África, sufren las devastadoras consecuencias de la extracción minera. Ya que estos dependen, mayormente, de la exportación minera y son calificados por el Banco Mundial como países empobrecidos y altamente endeudados.  Así mismo, y de acuerdo con las Naciones Unidas, mientras más dependencia exista en un país a la exportación minera, peores serán las consecuencias, tanto en materia económica y política, como social.  La dependencia minera se relaciona con mayores niveles de pobreza, desnutrición, mortalidad infantil, bajas tasas de alfabetización de adultos y “una mayor vulnerabilidad a las crisis económicas.

El caso de Colombia

En el anhelo de querer generar nuevas políticas de confianza inversionista, y beneficiar a las compañías transnacionales, en Colombia se está practicando la extracción indiscriminada, que inevitablemente está arrasando tanto con el medio ambiente, como con las comunidades que viven en las regiones mineras.

En Boyacá, donde la esmeralda es el sustento de la extracción minera, el impacto medioambiental se da, desde la desestabilización de los subsuelos hasta la contaminación auditiva.  Por otro lado, la falta de presencia del Gobierno, permite que la minería ilegal llegue hasta los páramos de Boyacá, acción que ha devastado aproximadamente el 30% de esta región.

De acuerdo a lo anterior, es entonces fundamental comenzar a entender que con el auge de la extracción minera tanto en Colombia como en el mundo, se deben implementar políticas macroeconómicas y publicas orientadas al buen desarrollo y ejercicio de la minería. Políticas que incluyan una preocupación por el progreso social, la diversificación económica y la protección del medio ambiente.

En Colombia hace falta la presencia y control del Estado, que ayude a promover y regular esta actividad, y así mismo cree las condiciones apropiadas para que se de un desarrollo sostenible. Como lo dijo el ex ministro Rudolf Hommes, “en lugar de matar la gallina de los huevos de oro antes de que los haya puesto (…) lo que se necesita es aprender a manejar y controlar esta posible bonanza minera, fortalecer o crear las instituciones para hacerlo bien y desligar la actividad minera del paramilitarismo y de otros grupos armados.”

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