Archivo | octubre, 2012

Los niños esmeraldas de Colombia

22 Oct

Fuente: La jornada

Alrededor de 10.000 niños, entre los 10 y 15 años de edad, trabajan filtrando con pala y tamices las sobras, desechos de piedras y lodo provenientes de las minas de esmeraldas en el municipio de Muzo (Boyacá), ubicado 90 kilómetros al norte de Bogotá (Colombia). El trabajo consiste en buscar minúsculas esmeraldas o polvo de ellas escapado del filtro de la mina. Son piedras de un intenso verde, consideradas por los gemólogos como las de mayor calidad del mundo. También utilizan a los niños para picar en túneles demasiado angostos.

La vida en ese municipio gira alrededor de la explotación de esmeraldas y para esa comunidad minera ‘cada uno practica la minería donde quiere, sin apoyarse en la comunidad’ y ‘cada uno trabaja por su cuenta, sin depender de otras familias o asociarse con ellas’. Y, por supuesto, son los propios padres quienes inducen a sus hijos, aún bien menores, a la faena de la extracción de la esmeralda, convirtiéndose así en uno de los municipios de Colombia con mayor índice de población analfabeta: el estímulo a la escuela simplemente no existe. Así mismo, pobreza y hacinamiento es el común denominador en Muzo, donde llegan a vivir 10 personas por cuarto y donde el abuso sexual entre hermanos o de padres a hijos está a la orden del día.

La explotación de esmeraldas exige a los niños y niñas un gran esfuerzo físico y los somete a diferentes riesgos para su integridad física y psicológica. Se exponen a temperaturas extremas, olores tóxicos, la presencia de polvo en el ambiente, picaduras de insectos, mordeduras de animales, además de ruidos y vibraciones permanentes, situaciones que violan sus derechos humanos, al ser menores de edad.

En Colombia, los niños y niñas mineras de ese municipio baten record en enfermedades respiratorias: es la localidad con el más alto número de menores enfermos. Pocas oportunidades hay para esos niños. Allí, quienes definen su porvenir son la codicia, la ignorancia, la impunidad, los intereses y la complicidad colectiva de los habitantes de Muzo.

Cuando veamos un zarcillo, collar o anillo con esmeraldas, tratemos de observar bien esas piezas: seguro que en la parte más densa, más íntima de esa piedra, descubriremos la silueta del rostro de uno de esos niños que se quedó sin futuro.

Escrito por: Lenin Cardozo

La minería, una realidad en imágenes.

22 Oct

UBICACIÓN DE LA PRODUCCIÓN MINERA E HIDROCARBUROS

EMPRESAS MINERA EN COLOMBIA

ZONAS DE EXPLOTACIÓN Y SOLICITUDES

LA POBLACIÓN INDIGENA Y LA EXPLOTACIÓN MINERA

¿Realidad o Ficción?

22 Oct

¿Qué ha pasado con el manglar en la costa del pacífico? ¿Qué pasa con la palma de aceite? ¿Sabía que más de 70.000 indígenas de la Guajira y el Cesar han sido desplazados? ¿Sabía que Cerrejon quiere desviar el río ranchería, en la Guajira, 20km?

La minería, realidad o ficción. Un programa de CONTRAVÍA.

87% de las personas desplazadas son del sector minero.

22 Oct

Hoy en día el 40% del territorio colombiano esta siendo solicitado o concesionando por  empresas multinacionales para realizar proyectos de extracción de hidrocarburos y minerales.

La gran biodiversidad con la que cuenta Colombia le permite tener tres productos base del desarrollo minero en su territorio; los material son el oro, el carbón y el petróleo los que más niveles de exportación tienen, sin descartar en otros sectores la explotación del níquel, la plata y las esmeraldas, estás ultimas reconocidas mundialmente por su calidad.

Hoy en día el 40% del territorio colombiano esta siendo solicitado o concesionando por  empresas multinacionales para realizar proyectos de extracción de hidrocarburos y minerales. Esto demuestra que el gobierno tiene toda la intención de convertir el país en un fuerte sector minero, pero el daño nocivo que causa esto al ecosistema y a las comunidades es aún más grave todavía, donde las consecuencias generarían un alto impacto negativo a las personas y su hábitat.

Igualmente el gobierno al estimular el desarrollo en el sector minero ha creado distintos cambios normativos, permitiendo que se intensifique la exp

lotación minera ya que el gobierno declaro esta actividad como “actividad de utilidad pública y de interés social”, esto se ve reflejado en la expropiación unilateral de tierras.  Al declararle también la guerra a la minería ilegal conduce a dar títulos mineros a los paramos, territorios colectivos de afro-descendientes y resguardos indígenas que son zonas protegidas.

Al estudiar a las organizaciones defensoras de las comunidades desplazadas y de los derechos humanos, se puede observar que las comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas son las que más afectadas se ven por el daño ambiental, socioeconómico y cultural causadas por estos megaproyectos. Según estadísticas de Peace Brigades internacional, el 87% de las personas desplazadas son de sectores mineros. El país cuenta con 102 minorías étnicas y la Constitución Colombiana es una de las que más reconoce los derechos de estas minorías para proteger su cultura y el medioambiente, pero a través de la explotación minera y los actores armados ilegales  han sido violentados y vulnerado sus derechos.

Además muchas comunidades rurales que se sostienen económicamente del trabajo de la pequeña minería, hoy en día no pueden determinar y certificar su actividad ya que se encuentran en un limbo legal. Los pequeños mineros se encuentran marginalizados y en algunos casos perseguidos por su trabajo tradicional, mientras que grandes empresas de países como Canadá, Sudáfrica e Inglaterra han intensificado su producción en la explotación de los recursos.  Pero estas empresas no son las únicas interesadas en este beneficioso negocio, sino que los actores armados ilegales han podido encontrar de la minería un negocio productivo para aumentar sus ingresos.

 En un momento en el que Colombia se encuentra en un proceso de restitución de tierras, la competencia por el subsuelo y el suelo para la implementación de proyectos económicos ha sido de gran notoriedad para ciertos grupos privilegiados del mismo modo ha sido las causas de despojos y daños a las comunidades, pero que así mismo puede ser una esperanza para ciertas comunidades para que les devuelvan sus tierras y poder trabajar en ellas.

Los índices de violaciones de derechos humanos en las zonas mineras son impresionantes, normalmente en estas zonas se agudiza la violencia en contra de la población civil, generando desplazamiento forzado, asesinatos y desequilibrando la vida comunitaria.

Se ha encontrado por consultorías que trabajan con derechos humanos que la mayoría de las zonas mineras existen presencia de militares y paramilitares “La fuerza pública protege la gran inversión privada y los paramilitares evitan la protesta social y presionan el desplazamiento”.

Una de las causas de deterioro en el medio ambiente es la explotación minera masiva, algunos de los productos utilizados para la extracción de de los minerales son altamente tóxicos y estos a su vez contaminan la tierra y las fuentes de agua impidiendo así que tengan una vida saludable los habitantes de esas comunidades.

Se observa de igual forma que cuando son proyectos a grandes series se debe hacer cambios en el curso de los ríos en los que se utiliza grandes explosiones con dinamitas o desarrollo de infraestructura que puede llegar a realizar desforestación del hábitat.

Así se argumente que la explotación de minería va a traer desarrollo al pueblo, los beneficios económicos e inversiones son pocos por no decir nulos para las comunidades;  ya que es un sector exclusivo los que pueden disfrutar y ver ganancias de estas regalías; porque se ha comprobado a través de estudios que los sectores en los cuales se halla estos recursos es donde más evidencia y registros altos de necesidades básicas insatisfech

as hay, además de bajos niveles de  beneficio para el pueblo y una evidente concentración de violencia ya sea de desplazamiento, asesinatos o masacres, sin dejar de hablar del mayor índice de quebranto que se hace a  los derechos humanos, asimismo los grandes daños a la medio ambiente.

Ivonne Calderón